Los tiempos liturgicos que la iglesia nos presenta no son fechas marcadas a capricho o a conveniencia, son precisamente momentos y tiempos maravillosos que no conviene desaprovechar. El adviento nos prepara para la VENIDA, para acoger en nuestro seno al más pequeño y humilde de los niños.

La pastoral penitenciaria también dedicó un día a retirarnos para orar, para meditar y para saborear la sagrada escritura de donde brota la fuente de vida.

Nuestro voluntariado es en ocasiones cansado y denso, muchas veces desagradecido por eso el refugio y el apoyo constante en la oración es siempre el motor que nos hace continuar.   

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